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13 jun 2012

Llámame Cari

Sésame: Añadir Sésame a la lista de cosas que me llaman normalmente la gente de mi alrededor no me ha costado mucho.

Cannelle: A mí tampoco me ha costado añadir Cannelle. Es bonito.
En realidad Cannelle es más morena

Sésame: Sí, de hecho es mucho más bonito que Sésame, ¿Cómo nos repartimos los papeles aquél día? A ver, que ya me he acostumbrado a ser la salada y ahora no vamos a cambiar, ¿no?

Y Sésame más rubia (aunque ahora mismo... es pelirroja de bote)

Cannelle: ¡Pues va a ser que no! Pero también tengo que decir a tu favor que al principio me gustaba más Sésame (soy una adicta al sésamo) e incluso el señor C se sorprendió de que no fuera S. 

Sésame: Es que el otro día, así porque sí, teniendo pensamientos random, pensé en todas las maneras de las que me llama o me ha llamado la gente de mi alrededor. Y no sólo las cariñosas, graciosas, aquellas que nos gustan, no, en todo lo que han dicho para referirse a mi persona. Tiro la primera piedra y confieso una pequeña lista antes de que hagamos la común (Cannelle, empieza a pensar, que luego te toca a ti).

-   Por mi nombre: Que muchos ya sabéis, pero que me voy a dar el gusto de reservármelo para mantener una cierta intimidad, que a veces me paso explicando cosas íntimas. Pero os voy a decir que hace casi 30 años no era un nombre nada común.
-     Nena: Los abuelos tarifan con los nombres difíciles, es lo que tiene.
-     La nena de les ulleres (la niña de las gafas): Y es que el ser fan de Arare y llevar gafas, al final es lo que tiene.
-    Pato o Pollet (pollito): Si esperabais algo más cariñoso entre el señor Sésame y yo, lo siento, pero somos así de rústicos. Nunca hemos estado en el rollo cari...

Yo quería llamarme María o Anna o cualquier cosa que no fuera rara...

Cannelle:

-    Momo: por la niña del libro de Michael Ende. Durante mucho tiempo me han llamado así mis amigos, madres de amigos y hermano por mi parecido físico y carácter risueño y algo idealista.
-     Cuqueta: me llamaba así mi abuela materna cuando era niña. Es típico de Lleida. Ahora me llama así  mi señor marido (o Cuqui, abreviado).
-    Ratita: así me llama mi padre. Al principio yo le respondía "tú si que eres un Ratito pesado" y ahora nos llamamos así. Ratita y Ratito. Y, por alusión, a mi madre le llamamos Rata (solo mi padre y yo, y dudo que le guste mucho a la mujer).


Momo, en la adaptación cinematográfica del libro de Michael Ende
El nombre que te ponen tus padres
Te puede gustar más o menos, pero tendrás que vivir con él por lo menos hasta los dieciocho años. Lo tendrás que ver en el cole, en el DNI y en las cartas que te envían tus amigos (ah, no, eso no, que ahora hay mails y te puedes poner el nombre que quieras). Tus profesores te llamarán sólo por tu nombre (o peor, sólo por tu apellido) y tus amigos de la escuela te llamarán por el nombre + apellido si hay otro niño que se llama igual que tú.

Sésame: Yo odiaba mi nombre original (que ahora me encanta y no me cambiaría por nada). Cuando empecé a decir a mis padres que odiaba mi nombre, mi progenitor (un cachondo) me contestaba “No te quejes, que si yo me cambio de apellido, tu también tendrás que cambiar y creo que si cambiara me pondría Mierda. Así tú te llamarías Sésame Mierda” (cuánto he sufrido en mi vida…)

Cannelle: A mi siempre me ha gustado mi nombre. No había nadie más en todo el colegio que se llamara como yo (ahora incluso las niñas de las "chonis" del barrio se llaman así y me da una rabia que me muero). Lo que odiaba era mi apellido. Siempre me ha parecido feo feo y quería cambiarme el orden. Cambiar Mojica por Gasol. Y que conste que eso viene de lejos, no de hace diez años o así, cuando "se puso de moda Pau Gasol". Me han llegado a llamar Laia Mónica (¿me ves con cara de sudamericana?), Mojito (un día en el banco.. ¿en qué estaría pensando el señor?), Hogiga (¿¿¿???) y un laaargo etc. 

Cómo te llaman tus amigos
Por el mundo corren miles de Chinos (si tienes los ojos almendrados), Charlies (si eres un Carlos traumatizado), Pepos (José y Pepe suenan más a antiguo), Meris (si eres María pero eres moderna), etc… Y luego están los motes más crueles que no analizaremos aquí, pero que pueden llegar a curtir tu personalidad de una manera brutal. Sobre todo si tus amigos al referirse a ti y a tu pareja os llaman Los Monster (los amigos de Sésame llaman así a una pareja que conocen…). Hay motes divertidos, crueles, motes que al final se convierten en tu nombre, con los que te identificas.

Ejemplos reales (algunos de ellos crueles):

- el queso (el que sobra, el que va con el grupo pero que nadie sabe qué hace allí)
- carahuevo
- pelopolla (le llamaban así a uno del colegio. ¿se habrá suicidado ya el muchacho? pobrecillo, lo tenian martirizado)
- chupachups (por el tamaño de su cabeza)
- no hablemos de todo aquello que se refiere al peso...

Los nombres que se dan las parejas
Esto... incluso da para un post a parte... porque hemos hecho una investigación entre nuestros amigos y... hay cosas en las que vale la pena profundizar.

Sésame: Es que nos liamos, nos liamos escribiendo, y mira lo que pasa... que al final hablamos de todo menos de lo que queríamos hablar.

Cannelle: Es que se nota que no estamos centradas estas semanas. Yo ya pienso en vestido blanco y música bonita

Sésame: Calla, calla, que me harás llorar...


Señora, señorita, usted, tu
Sésame: Ayer estaba en el parque con una amiga y su bebé de 15 meses. Otra niña tiró tierra hacia donde estábamos nosotras. El chico (de nuestra misma edad) le dijo a su niña "No tires tierra a la señora"
¿Señora? ¿¡pero qué dices!?

Hay cosas que nos encanta que nos llamen nuestros amigos, como nena, pero que odiamos que nos las digan en el curro o cuando vamos a comprar el pan.

Y es que al final siempre acabamos con el trauma treintañero...  ¡NO QUEREMOS SER SEÑORA!
:)

11 jun 2012

Lo que decía la abuela de Sésame

Sésame: Mi abuela, la señora Florentina Carmen, conocida en Sant Boi entero por Carmeta. Dechado de virtudes, vestida con batas y llevando gafotas de pasta que ahora marcan tendencia y zapatillas azules de las típicas de abuela que bien podría haberlas hecho Vans.

Sólo unas pinceladas para que la conozcáis mejor:
- Cuando veía el telediario y el presentador o presentadora de turno decía "Buenas noches" ella muy seria le respondía desde casa con un "Buenas noches majo/a". Y es que era muy educada.

-Consumidora insaciable de las novelas de después de comer. Cuando volvía del instituto veíamos juntas "Nissaga de Poder" y cuando salía Eulalia Montsolís, ella la señalaba y decía "Ay pobre mujer, es mala malísima, pero claro, es que ha tenido una vida..."

- Como ya os he explicado alguna vez, repetidora incansable de la frase "Como te hagas daño te pego" y vaya si me pegaba con la zapatilla azul de suela de goma en el culo (He de decir a su favor que merecidamente siempre)

- Cocinera de las buenas buenas, como debe ser una abuela. Hacía un pollo a l'ast, unos canelones y unas flores de calabacín rebozadas que ríete de Ferrán Adriá (para el que no haya probado las flores de calabacín... no os lo perdáis)

- Cuando mi madre me dejaba sin cenar (también con motivo) ella venía por detrás y me traía siempre algo rico.

- Si veía un pijama o una camiseta, o unas bragas que le gustaban, compraba cinco iguales de golpe y los envolvía. Después siempre encontraba motivos para regalar esas compras a la familia, los amigos de la familia, los vecinos... No sé cómo codificaba los paquetes, pero aunque ya estaban envueltos y no los compraba para aquella persona en especial, siempre acertaba con las tallas.

No se puede decir nada malo de la Carmeta... Además, es que era mi iaia... ¿qué voy a decir de malo?

Ella tenía un lenguaje particular, propio, que en parte he heredado  y que utilizo muchas veces y como el otro día os hizo gracia la palabra enviolinar (violar made in Carmeta) os lo quería explicar.

La gente me pregunta, ¿cómo es que sabes tantos refranes? Pues porque los aprendí de mi iaia Carmeta que siempre, siempre, siempre tenía un refrán o un chascarrillo  en los labios. Para cada ocasión uno, y no sólo de los de "A quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija" no, no... mucho más elaborados.

- Cuando comía berberechos cogía el tenedor cual cuchara y al ir a cogerlos decía:

"A por uno voy, dos vengáis, si tres venís, no os caigáis"

Después siempre comentaba cuántos había conseguido pescar sin que se cayeran. ¡Era una gran pescadora de berberechos de vermut dominguero!

- No bendecía la mesa, no era creyente, de hecho tenía libros de masonería y los leía habitualmente (de dónde los había sacado, si los entendía o si aplicaba alguna cosa, ni idea), pero antes de comer, si éramos muchos en las mesa, decía:
"Bendecimos bendigamos,
que no vengan más que los que estamos,
y si alguno más ha de venir,
que Dios con su divino poder,
le quite las ganas de comer"

- Cada sábado se levantaba temprano temprano y venía a casa a traerme cruasanes de los pequeños, de los que no tienen cuernos. Ella los llamaba gusanitos (estoy prácticamente segura de que en la panadería le decían cruasanitos pero que ella adaptaba la palabra)

- Cuando algo le hacía mucha gracia o le sorprendía, decía uuupachelelé (así, con acento en la última e y la primera u alargada). Porqué, no tengo ni idea, pero creo que este hecho demuestra que es genético lo de inventarse palabras (otro día os explicaremos lo de mi afición a inventar palabras nuevas).

- También llamaba kiwawi al kiwi. Que digo yo, será mucho más fácil decir kiwi que kiwawi... Pues no, no hubo manera.

- La Pizza para ella siempre era picha (Dice tu madre que váis  comer picha de esa...) con las consiguientes risas de la que os habla y de sus primos.

- La peluquera del barrio se llamaba Yoli, pero para ella siempre fué Choli y es que eso de los nombres modernos nunca fue lo suyo...

Y esta es la historia definiva para que conozcáis a mi abuela, y para que veáis que si la humanidad no se ha extinguido hasta ahora, no hay que sufrir, no se extinguirá nunca.

Mi primo (rastas hasta el culo, tatuajes por todo el cuerpo, dilataciones en las orejas, piercings varios hasta ens sitios que dudo que tengan nombre...) tenía una planta de maría en el balcón. Un día que llovía, la señora Carmeta decidió recoger la ropa tendida de su nuera (que vivía en el mismo rellano) y vió la planta en cuestión.

Cuando volvió mi primo, salió al rellano y le dijo:

- David, ¿qué haces con una adormidera? No sabía que tenías una. ¿Ya la cuidas bien? Son delicadas, hay que cuidarlas mucho. Hacía tiempo que no las veía, hacen como unas flores así verdes más majas...
- Iaia, ¿adormidera?
- Síiii, en el pueblo cuando los niños lloraban mucho se les hacía una infusión con las hojas de esta planta para que durmieran tranquilos.
- ¡...!

Pues sí, tócate las narices, adormidera... Luego dicen que los de pueblo son raritos.

Y así era la Carmeta (la mejor iaia del mundo con mucha diferencia respecto a la segunda),  conocida en todo el barrio, buena vecina, buena subministradora de historias y mejor abuela.